Decálogo de Estambul

Decálogo de Estambul Turquia Turismo

Viajamos a la antigua capital imperial Otomana para descubrir por qué se pasa tan, pero tan bien, y vivir la moda turca en carne propia.

Whirling Dervishes
UNO.

Visitar una mezquita nunca fue tan entretenido

Los números impresionan: tres mil centros religiosos musulmanes –entre mezquitas y otros menores– pueblan la ciudad de torres y minaretes, y conviven con otras creencias, rodeados de hordas de turistas y de un comercio desbordante. Lo humano y lo divino, todo junto. Nada simboliza mejor esta mezcla que la catedral de Santa Sofía, la única del planeta que ha pasado por las manos de tres religiones distintas. En verano los niños se bañan en sus piletas y comen algodones de azúcar.

DOS.

Aquí todo, ¡todo! se vende

Para los latinos –me atrevo a aventurar que también para los anglosajones–, el turco es simplemente un idioma inentendible. Mejor ni intentarlo. Pero tome nota del siguiente término: indirim. Para los amantes de las compras –y yo recorrí esta ciudad con dos de esos especímenes–, es la palabra clave; indica que es temporada de liquidaciones. Ir al Gran Bazar y al Bazar de las Especias es lo típico, pero en cada esquina hay algo donde vale la pena detenerse, como las coloridas tiendas de dulces turkish delight o los tipos que, apostados con una artesanal bandeja en cualquier esquina del céntrico barrio Gálata, venden nueces tostadas o choritos ahumados. Sí, choritos, con concha y todo. El limón viene incluido en el precio.

TRES.

Caminar por sus calles es un evento

Con 14 millones y medio de habitantes –según cifras oficiales–, la antigua Bizancio o Constantinopla es hoy una de las urbes más pobladas del mundo, pero ninguna otra tiene una mezcla cultural tan fuerte. “Si el mundo fuera un solo país, su capital sería Estambul”, resumió Napoleón. Y recuerde esto: si ve a dos amigos tomados del brazo o abrazados, no crea que está frente a una postal gay. No trate de entenderlo todo, recuerde que se trata de otra cultura. Una cultura milenaria por lo demás.

CUATRO.

Siempre es hora del té

En cualquier momento y en cualquier lugar hay grupos tomando el té en alguna terraza o en una improvisada esquina. Lo sirven en pequeños vasos y se sientan en torno a mesas bajitas. El té es exquisito, intenso, y es el descanso ideal para hacer un alto en una ciudad que no se detiene.

CINCO.

Dos mundos a la vista

La “ciudad de las siete colinas” es la única que se levanta sobre dos continentes: Asia y Europa, atravesada por el estrecho del Bósforo que une los mares Negro y de Mármara. Posarse sobre cualquiera de sus cerros ofrece una impactante vista de uno o de los dos continentes, por eso se dice que los mejores rooftops o terrazas en altura se encuentran aquí. Se puede disfrutar de la mejor comida o de unos tragos y hasta música de Dj sobre alguna terraza. Los restaurantes Leb-i-derya y Zuma no fallan.

SEIS.

“Esas caderas no son de occidente”

Así dijo un amigo la primera vez que fuimos a bailar a uno de los tantos clubes que hay en la ciudad y vimos cómo se mueven tanto ellas como ellos. Ir a una discoteca en Estambul es casi como vivir el Carnaval de Río: estar ahí no se compara a que se lo cuenten. Y no deje de escuchar “pop” turco. Este es uno de los pocos países de producción musical propia donde prácticamente ningún cantante occidental –salvo la honrosa excepción de Shakira– tiene espacio. Hasta tienen su propia Lady Gaga: se llama Hande Yener. Chequéela.

SIETE.

El baño de Kate Moss

Hamami o baños turcos hay muchos, todos un deleite de arquitectura, que en algunos casos datan de hace siglos. De 1741 es Cağaloğlu, el más antiguo de Estambul, donde el visitante puede darse un masaje, cortarse el pelo o afeitarse en su famosa barbería. Locación habitual para campañas publicitarias, entre sus visitas ilustres están Cameron Díaz, John Travolta y Kate Moss.

OCHO.

Las mejores playas… no son las playas

Un paseo en bote por el Bósforo es un esencial, pero no todos se aventuran a cruzar al lado asiático y a explorar su pintoresca costanera. Hágalo al estilo turco: lleve una manta o toalla e instálese en cualquiera de sus parques. Y un traje de baño para lanzarse al mar si hace falta; a los roqueríos les han instalado hasta escaleras para que la aventura se haga con seguridad.

NUEVE.

Hombres con falda

El baile de los derviches –conocidos también como hipnotizadores de la creencia sufí– es por estética y tradición de lo más impactante de la cultura turca, una danza considerada pagana cuyos cultores sorprenden girando sobre su eje en aparente estado de hipnotización, sin perder el equilibrio. Hay distintas posibilidades en diferentes partes de la ciudad y por precios varios; la mejor se lleva a cabo los domingos a las 17:00 horas en punto, en el centro cultural Galata Mawlawi House. Hay que reservar cupos.

 

DIEZ.

Alta velocidad

A los amantes de la tecnología y los medios de transporte les gustará este dato: la ciudad está por inaugurar la segunda etapa del revolucionario proyecto Marmaray, red ferroviaria de 76 kilómetros y vía submarina hundida media cuadra bajo el Bósforo, donde circularán trenes a 100 kilómetros por hora y permitirá unir por tren Londres y Beijing. in