Sin embargo, el talón de Aquiles de este auge del diseño hoy en día está en el área de la producción. Debido a que las fábricas del país estuvieron cerradas por tanto tiempo, muchos de los expertos artesanos que una vez abundaron se han retirado o ya han fallecido, y no se entrenó a nadie para substituirlos. Argentina carece de artesanos para hacer realidad los sueños de los diseñadores. Muchos de ellos se ven forzados a fabricar sus propios productos en limitados números, ya que no hay nadie más que los haga. Algunos diseñadores me comentan que los mismos artesanos que apenas hace algunos años se sentaban en los talleres vacíos a beber mate y rogar para que llegaran clientes, tienen ahora largas listas de espera, en algunos casos de hasta un año.

El diseño innovador no es una novedad en Argentina. En los años '40, tres arquitectos –el catalán Antoni Bonet y los argentinos Juan Kurchan y Jorge Ferrari-Hardoy– crearon la silla BKF, un marco de metal en forma de mariposa y un asiento de cuero insertado en sus cuatro puntas, que conquistaría al mundo. En los años '50, la BKF se encontraba a la orilla de todas las piscinas de Hollywood y de los chalets en las afueras de Roma. En mi niñez, el cuero se sustituyó por una lona más utilitaria, siempre desteñida por el sol. La silla BKF se encuentra en la colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Los diseñadores argentinos, la mayoría entrenados por Ricardo Blanco (el hombre que más sabe de diseño en Argentina, según me dijeron, y que dirige el departamento de diseño industrial de la Universidad de Buenos Aires), ocupan altas posiciones en el ámbito del diseño alrededor del mundo como en Nokia, Lancôme, Honda, Ferrari, Renault y otros. Tomás Maldonado, uno de los teóricos del diseño más sobresalientes del mundo y fundador de la escuela de Ulm (la más importante escuela europea de diseño después de la Bauhaus) es argentino.

Para aquellos que desean seguir estos ilustres pasos, el Centro Metropolitano del Diseño (CMD), un proyecto dirigido por las autoridades de la ciudad, está para ayudarlos. “Apoyamos el desarrollo de nuevos negocios”, dice el director del centro, Adrian Lebendiker. “A los participantes les ofrecemos herramientas: en un principio, entrenamiento (cómo comenzar un negocio y hacer planes de negocios,) y luego redes de contactos. La idea es conectarlos con las redes comerciales y darles una dosis de realidad, que puedan evaluar las verdaderas posibilidades de su producto”.

Si existe o no un estilo argentino de diseño, es todavía una interrogante. Algunos lo consideran un tema discutible en este mundo globalizado donde ya no existen productos locales. “Hay diseñadores argentinos, pero no un diseño argentino”, dice determinantemente el artista Remo Bianchedi. Ricardo Blanco afirma: “El origen del diseño en Argentina se basa en la modernidad, y esta siempre ha estado más interesada en lo internacional que en lo regional. Consecuentemente, siempre ha habido mayor afinidad con la estética internacional”.

Sin embargo, algunos diseñadores agregan un toque local a sus diseños de éxito internacional, como Humawaca, que fabrica acceso rios de cuero inspirados en los gauchos y las pampas (ver artículo revista in, enero 2006). Paseando por Palermo Viejo usted verá que esta alegría y buena voluntad de aceptar múltiples influencias es un tema que se repite, ya sea en juguetes en la tienda Sopa de Príncipe, los que parecen maltratadas criaturas de una película de Tim Burton, o en lámparas como las de The Fly Lamp que sólo las fabrica en forma de coloridas moscas. Después de tanta seriedad y tiempos difíciles, parece que los argentinos están listos para la diversión.

La diferencia que puede hacer el buen diseño es evidente en el caso de otro ejemplo de éxito como es Planas Viau. Hace varios años, tres socios compraron una fábrica de cristal abandonada en las cercanías de Buenos Aires. Reunieron los sopladores de cristal sobrevivientes que una vez trabajaron allí, muchos de los cuales habían sido entrenados por los maestros europeos que vinieron a Argentina después de la Segunda Guerra Mundial. Juntos se dedicaron a reconstruir la fábrica y rescatar los conocimientos de los artesanos. Actualmente, la compañía exporta a todo el mundo y ha ganado numerosos premios. El cristal de la fábrica fue utilizado para crear la iluminación naranja y roja del imponente vestíbulo del Faena Hotel+Universe en Buenos Aires. También han comenzado una escuela de entrenamiento con el fin de asegurarse de traspasar a una nueva generación de artesanos las habilidades de soplar el cristal.

En el lado opuesto de la moneda, Federico Espoille tiende cada día un paño de terciopelo en una vereda de Palermo Viejo para exhibir joyería hecha con grandes pedazos de turquesa, semillas y cuero. Sus diseños son propios. Según él, en Palermo Viejo la gente está muy atenta al diseño y espera originalidad. “He visto artesanos en otros países haciendo todos las mismas cosas una y otra vez; pero aquí, la gente busca realmente algo original”.

Hugo Drucaroff, de la galería de arte Grafis, una de las pioneras en el área, dice: “Lo que está sucediendo en Palermo Viejo es un síntoma de un país con gran energía y mucho entusiasmo”.

Resulta irónico que se necesitara una terrible crisis económica para desatar el actual auge creativo en Buenos Aires. Pero si las legiones de activos diseñadores de la ciudad tienen éxito, pueden perfectamente diseñar un nuevo futuro para este encantador país.•

>> Palermo Viejo: puro diseño

Vuelos LAN: Todos los días desde Lima y Santiago de Chile y 2 veces a la semana desde Guayaquil y Quito.

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