Los nuevos talentos

Estos cinco latinoamericanos están dando que hablar en el mundo del arte internacional.

texto Macarena García

MARTIN SASTRE

(Montevideo, 1976)

Estudió arquitectura porque las escuelas de bellas artes de Uruguay le parecían retrógradas; después, en 1999, emigró a Madrid convencido de que allí no tardaría en convertirse en artista. Y sí, sus irónicos videos gustaron a la crítica que vio en su estética marcadamente pop los guiños satíricos al mundo del espectáculo. Su ética era llevar el arte a la industria del entretenimiento, ironizando sobre la desventaja de los latinoamericanos en ese escenario. The Iberoamerican Legend, la primera parte de una aclamada trilogía, es un video ambientado en un supuesto año 2492, fecha en la que Hollywood ha quebrado y los latinos son quienes dominan el mundo, porque ellos están creando las nuevas ficciones. El humor es un componente esencial de su obra: su último proyecto es una “beca” (las comillas van por la inexistencia de financiamiento o aporte) para que artistas europeos puedan residir durante una temporada en Montevideo.

REGINA JOSÉ GALINDO

(Ciudad de Guatemala, 1976)

En la Bienal de Venecia 2005 el León de Oro en la categoría de artista joven recayó, por vez primera, en una latinoamericana. A Galindo le sobraban méritos. Inició su carrera, en 1999, como artista de performance colgándose en altura para leer sus poemas que luego dejaba caer a una plaza. Dos años después participó en la Bienal de Venecia para seguir en las de Praga, Tirana y Lima. El 2005 volvió a Venecia para mostrar, entre otras performances, Himenoplastía, el registro de una operación para reconstituir su himen a la que se sometió en son de crítica a las exigencias de virginidad. La performer ya había pasado por otras pruebas: caminado desnuda y completamente rasurada por las calles, ser depositada en un basurero y permanecer días con la vista completamente tapada.

LEANDRO ERLICH

(Buenos Aires, 1973)

Estudió Bellas Artes y, aunque no terminó la carrera, en 1997 ganó una beca para la escuela del Museo de Bellas Artes de Houston. Allí vivió dos años y realizó sus primeras muestras individuales que evidenciaron su interés por ambiciosas instalaciones que se nutren tanto de la arquitectura como de la escultura. Después se radicó en París donde fue nominado al premio Marcel Duchamp, el principal galardón francés. Una de sus obras más conocidas es The Swimming Pool, una piscina vacía que simula estar llena al estar recubierta con un vidrio y agua. Esta obra está emplazada en el museo Kanasawa, en Japón, y la gracia es que los visitantes pueden bajar al fondo de la piscina y mostrarse como seres submarinos. Los trucos visuales son la marca registrada de Erlich, quien el año pasado realizó una destacada exposición individual en el Museo de Arte Contemporáneo de Roma.

JOTA CASTRO

(Lima, 1960)

Más que joven, se trata de un artista reciente. Jota Castro era diplomático hasta que a fines de los ’90 decidió dedicarse al arte. Transformó en referentes para sus obras su experiencia en los conflictos del mundo. Usa la fotografía, escultura e instalaciones para crear obras que aluden a la guerra de Irak o las razones para manifestarse en distintas ciudades, temas que lo han posicionado como el seguidor del siempre polémico artista español Santiago Sierra. El éxito vino de la mano, porque en los siete años que lleva participando del circuito artístico, Castro ha sido invitado a las bienales de Venecia, Tirana, Praga y Gwangju. En esta última, celebrada en Corea en 2004, se llevó el premio mayor y al año siguiente participó de una muestra en el Palais de Tokyo de París, que acabó por confirmarlo como una de las mejores promesas del arte latinoamericano.

WILFREDO PRIETO

(Sancti-Spíritus, Cuba, 1978)

Pese al difícil acceso a internet y a las dificultades para circular por un mundo globalizado, de Cuba suelen emerger buenos artistas. A la generación más joven pertenece Wilfredo Prieto, un instalador cuya obra ha sido reseñada en importantes revistas como ArtForum, Flash Art y Art Nexus. Llamó la atención en 2001 con su obra Apolítico, que consistía en una reproducción de las banderas de todo el mundo usando la gama de grises. Cada una de ellas flameó desde un asta en el exterior de un pabellón dispuesto para la Bienal de La Habana. Después de esa obra y de una exhibición individual en una galería de la capital cubana, consiguió invitaciones para exhibir en prestigiosos centros internacionales como De Appel Museum en Holanda, donde transformó la sala de exhibición en una biblioteca con seis mil libros en blanco. Sus obras forman parte de la prestigiosa Daros Collection de Zurich.

 






Send Us Your Comments