Más latina que antes

Ha tomado tiempo, pero la música latinoamericana ha empezado a sacudirse de sus clichés históricos.


texto_text David Ponce

 

Más allá de la conga y el carnaval, una serie de artistas de pop, rock o raíces folclóricas de la región ya muestran un sonido genuino: ahora sí se oye de veras el continente.

Lo dijo el músico argentino Gustavo Santaolalla a la revista Time, que lo nombró en 2005 entre los 25 latinos más influyentes de EE.UU. “Un mapa cultural de América Latina que muestre mucho más que sólo sombreros mexicanos y congas”, postuló. “No es que tenga nada contra eso, pero he querido romper los estereotipos”.

Es el rumbo que ha tomado todo un continente. Santaolalla es uno de los casos más visibles, como músico, productor, creador de un sello disquero, compositor de música para películas y ganador de dos premios Oscar. Pero un frente completo de grupos y solistas ha expandido en esta década el alcance de la música latinoamericana en la región y también hacia destinos como EE.UU. y España. Hace siete años era la fiebre por “la vida loca”. Ahora los músicos latinos han pasado de la vida loca a la vida real, y están desplegando la variedad de un continente entre las raíces más tradicionales y el pop más global. »

 

Al otro lado del río

Hay un momento crítico en esta historia. El 27 de febrero de 2005, en la entrega de los premios Oscar, la Academia dio una muestra de sensatez al premiar la canción de la película Diarios de motocicleta (“Al otro lado del río”), del uruguayo Jorge Drexler. Pero segundos después dio la peor muestra de criterio cuando permitió que Drexler subiera al escenario sólo a agradecer: la canción fue tocada por Antonio Banderas y Carlos Santana. Así era más latino, of course.

Supuestos como esos han marcado a Latinoamérica desde el Primer Mundo. Tal como Hollywood solía confinar a los actores latinos a estereotipados roles, la música del continente ha enfrentado sus propias caricaturas. Santana y Banderas son apellidos que responden a ese tipo de franquicia, y latino es una extraña construcción equidistante de un restaurante mexicano y una plaza de toros española.

La paradoja es que el propio Drexler está entre quienes mejor se han opuesto a esa reducción. Ha replanteado el perfil del músico sudamericano con el talante íntimo de su canción. “La alegría no es sólo brasileña”, cantó Charly García en 1982. Dos décadas más tarde el discurso parece ser otro. “Sudamérica no es sólo alegría”: hay más que carnaval aquí, y Drexler ha llevado ese nuevo modelo al mundo y ha hecho de ser nómade una nueva bandera. »

No es el único. Con un borde más posmoderno, su amigo y equivalente argentino Kevin Johansen canta en inglés y español, junta a James Brown con Atahualpa Yupanqui y toca desde funk a chacarera en una canción bautizada “Atahualpa You Funky!”. Y Juana Molina vive en las afueras de Buenos Aires, pero sus discos son reseñados en la prensa neoyorquina y se pasa la mitad del año de gira por Europa mostrando una música hecha con el canto de los pájaros nativos de su jardín argentino. Es un nuevo tipo de artista sudamericano, cosmopolita, capaz de tomar el sonido de la aldea y llevarlo a viajar por el mundo. »

 

Se habla inglés

Era un camino que ya estaba iniciado. Hace 15 años Latinoamérica desembarcaba de lleno en el Primer Mundo. Grupos como La Ley, Café Tacuba, Paralamas o Los Fabulosos Cadillacs imponían desde Chile, México, Brasil o Argentina un nuevo sabor llamado rock en español, mientras los artistas más venerables de Cuba protagonizaban un boom mundial llamado Buena Vista Social Club.

Luego vino un cambio. El de siempre: la industria se apodera de la tendencia. Ricky Martin cerró el siglo con “Livin’ la vida loca” en 1999, Enrique Iglesias y Shakira completaron la trilogía del nuevo pop latino global, en costosas megaproducciones musicales digitadas en Miami, y escoltados por figuras como Thalía o Paulina Rubio. La orden del día era grabar en inglés y entrar al mercado angloparlante.

Hoy los polos de la región siguen siendo México y Miami. Pero existen sellos alternativos como Surco, de Gustavo Santaolalla, o Nacional Records, del productor argentino Tomás Cookman, que han descentralizado también el negocio. “No nos importa si los artistas viven a la vuelta de mi casa o si tengo que tomar un avión por 14 horas”, dice Cookman, desde sus oficinas en Hollywood, donde maneja al siempre nómade Manu Chao, a los colombianos Aterciopelados, los mexicanos Plastilina Mosh y los chilenos Los Updates, nuevo grupo del cantante de Los Prisioneros, Jorge González.

“El mundo es cada día más chico, por internet y por miles de razones, y lo que más importa es la buena música”, agrega Cookman. “Colombia y Chile son dos países donde la calidad de las cosas que están saliendo es alta. Y hay gente grande grabando en sus propios estudios. Beto Cuevas (el cantante de La Ley) es un tipo que está trabajando en su casa, y su disco va a dar que hablar”. »

 

El mapa sonoro

El escenario se ha extendido, y varios cruces posibilitan esta apertura. Primero, el generacional. Solistas como Vicentico, Andrés Calamaro o Gustavo Cerati están vigentes desde los años ’80. Figuras aun mayores del continente son Susana Baca, Caetano Veloso (ambos ganadores del Grammy Latino), Tania Libertad o Milton Nascimento. Nuevos herederos de esas raíces hay en Eva Ayllón o Maria Rita, en Perú y Brasil. Y la raíz del rock ha contribuido a mantener inquieto el panorama: ahí están grupos como Babasónicos, que han hecho del cambio una constante, los californianos Ozomatli, entregados de lleno a las fusiones culturales, los mexicanos Café Tacuba, eternos experimentadores, y los chilenos Los Bunkers, nuevos tradicionalistas. En el mapa sonoro latinoamericano de hoy hay figuras que enriquecieron el pop viniendo del rock, como Julieta Venegas y Juanes, o desde el tango electrónico, como los rioplatenses Bajofondo, o del pop de distintas generaciones, como los peruanos Gian Marco Zignago y Diego Dibós. El hip-hop ha dado a los cubanos Orishas, el argentino Dante Spinetta y la chilena Anita Tijoux, y del reggaetón llegaron los sensacionales puertorriqueños Calle 13.

Y vienen las nuevas generaciones. En cada país hay figuras más o menos emergentes como Gepe en Chile, Miranda! en Argentina, Cansei de Ser Sexy en Brasil y el grupo de rock TK en Perú, al tiempo que Latinoamérica atrae a figuras de otras regiones como la española Mala Rodríguez o la canadiense Nelly Furtado. “Al otro lado del río”, cantó Drexler en 2005, y también es una invitación cada vez más atractiva y amplia a ver qué hay de este lado de la frontera.

 






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