Ana Katz

“Creo que soy directora porque, de todas las cosas que puedo hacer, mirar es la que más me gusta”.

texto paula montebruno
ILUSTRACión Matías ahumada

Esta argentina es actriz, directora de cine y teatro y productora. También, es la esposa del conocido actor uruguayo Daniel Hendler (El abrazo partido, Whisky). Sin embargo, confiesa que de pequeña lo que realmente le gustaba era la arqueología. Y aunque reconoce que es un poco tarde para dedicarse a esa actividad, se conforma con vivir a una cuadra del Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires, “donde habitan los pocos restos fósiles de dinosaurios que hay en Argentina”.

¿Y de dirigir y actuar, qué? Estudió dirección cinematográfica, pero se inició en la actuación. Asistió a su primer taller cuando sólo tenía seis años. “Era de esas niñas que andan disfrazadas, con tendencia al show. Después me entrené en las escuelas de Julio Chávez y Helena Tritek, en Argentina”, señala. Y con el tiempo ha logrado combinar ambos. Porque además de actuar, ha escrito y dirigido obras de teatro como Lucro cesante (2004) –que estuvo tres años en cartelera en Buenos Aires–, cortometrajes y dos películas: El juego de la silla (2002) y Una novia errante (2007). Por la primera obtuvo premios como el de Mejor Ópera Prima en el Festival de Toulouse.

El año pasado Una novia errante –que dirigió y protagonizó– se estrenó en la sección “An Certain Regard” (Una cierta mirada) del Festival de Cine de Cannes. El largometraje –un filme intimista que habla sobre las dolencias del amor– recorrió los festivales de Toronto, San Sebastián, Madrid y La Habana, entre otros. Además, está nominada a los premios Cóndor de Plata de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de Argentina como Mejor Película. Y ella, como Mejor Actriz. »

¿Cuál es tu próximo proyecto cinematográfico?

Se llama Bienestar. El guión fue seleccionado por la Fundación Carolina de España para la Beca de Desarrollo; participó de los talleres de producción de Mannheim Meetings y ganó el premio Vision Sud Est, de Suiza, a la producción. Cuenta la historia de un matrimonio (Luis y Nena) que se muda a una zona residencial en busca de sosiego, sin saber que allí los electrodomésticos desaparecen misteriosamente y los transeúntes caen en profundos hoyos en la tierra.

¿Es complicado para las directoras latinoamericanas abrirse un espacio en el mundo cinematográfico?

No siento que sea especialmente difícil o quizá no me haya ocupado de esa dificultad. A veces, ser demasiado consciente puede ser un problema. Además, en los últimos años han aparecido muchas películas dirigidas por mujeres. Por ejemplo, en la sección de Cannes “An Certain Regard”, había tantas directoras como directores, lo que indica que de a poco esto deja de ser un tema.

¿Cuáles son las bondades de hacer cine?

Creo que soy directora porque, de todas las cosas que puedo hacer, mirar es la que más me gusta. Como directora me gustaría acercarme cada vez más a una visión propia, verdadera; encontrar la forma particular que necesita cada película. Poder escuchar, no tomarme en serio todo el tiempo, acercarme a los actores y profundizar la observación lo máximo posible son algunas de las cosas que más me interesa intentar.

Además de protagonizar y dirigir Una novia errante participaste en la producción general y coescribiste el guión. ¿En cuál de estos trabajos te sientes más cómoda?

Una y otra vez cuando se me ocurre una idea para una película, cuando surge una intuición aún sin forma, me propongo dirigir y me digo: “esta vez no la voy a producir”. Pero se ve que hay algo en mi naturaleza que me obliga a impulsar mis proyectos. Creo que me gusta la variación y que cambiar de tarea me sirve para oxigenar el trabajo.

Ahí también actuaste junto a tu pareja (el actor uruguayo Daniel Hendler) y ya lo habías hecho antes en la premiada cinta uruguaya Whisky (2004). ¿Cómo fue esa experiencia?

Me gusta mucho trabajar con Daniel. Tiene mucho humor y creatividad. Y aunque estamos muy conectados en nuestras actividades, no solemos filmar juntos. Además, lo bueno de compartir el trabajo es que cuando llegamos a casa no tenemos que perder tiempo contándonos cómo nos fue en el día.

 






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