| |
Marcado por la naturaleza
El peruano Joaquín Leguía fue seleccionado por el Foro Económico Mundial como líder global por promover la responsabilidad social y ambiental en los niños a través de ANIA, Asociación para la Niñez y su Ambiente.
texto alejandra visscher

El peruano Joaquín Leguía fue seleccionado por el Foro Económico Mundial como líder global por promover la responsabilidad social y ambiental en los niños a través de ANIA, Asociación para la Niñez y su Ambiente. /
¿Cómo hace un joven peruano para estar en la lista de 250 líderes mundiales del Foro Económico Mundial 2007, junto a personalidades como Shakira, Leonardo di Caprio y príncipes y jeques árabes? Dedicándose en cuerpo y alma a promover en los niños el amor por la naturaleza. Y a eso ha dedicado su trabajo Joaquín Leguía, el joven peruano de la selecta lista, creador y director de ANIA.
Los inicios de esta iniciativa se remontan a la propia historia personal de Leguía. Siendo pequeño, de cuatro años, sus padres se separaron. Intentando llenar ese vacío, Leguía se topó con el precioso y enorme jardín de su casa. Rápidamente ese espacio se convirtió en su refugio, donde podía ser libre, echar a volar su imaginación luchando contra leones (que eran en verdad sus perros), subirse a los árboles, esconderse, explorar la naturaleza. Por todas estas experiencias, desarrolló un cariño inmenso por ese jardín, al cual veía como un extraordinario bosque amazónico.
Ya joven, Leguía optó por estudiar ciencias naturales, en vez de prepararse para la promisoria carrera política que muchos esperaban (es nieto de un ex Presidente del Perú, Augusto B. Leguía, y su padre fue Ministro de Estado). El círculo se cerró definitivamente cuando decidió estudiar una maestría en manejo ambiental en la Universidad de Yale, Estados Unidos, especializándose en el rol que juegan los niños en el desarrollo de la sociedad. Allí descubrió que si los pequeños acceden de manera regular a ambientes naturales y no estructurados (como los zoológicos), como había sido su propia experiencia, desarrollarían un amor verdadero por la naturaleza.
Con esta conclusión en mente regresó al Perú determinado a incorporarse en alguna organización que trabajara el tema. Pero no tuvo suerte en encontrarla. Entonces resolvió: “Si el espacio no existe, crearé mi propia organización”. Así, en 1995 fundó ANIA, Asociación para la Niñez y su Ambiente.
“Estamos promoviendo la creación de un indicador de desarrollo que valore el aporte de las personas menores de 18 años al bienestar de la sociedad”, explica Joaquín.
Los indicadores relacionados con esta población –agrega– registran aspectos como cuántos niños nacen, van a la escuela, desarrollan trabajo infantil, entre otros. Pero, ¿existe alguno que le muestre a un niño de 10 años que su aporte social ayuda a mejorar su país? “El gran indicador de desarrollo en los países es el de ‘población económicamente activa’, pero existen otros, no netamente económicos, que no hemos aprendido a medir todavía, pues no le hemos dado importancia a esto”, concluye Leguía.
Siguiendo sus sueño, Leguía creó dentro de ANIA el programa Tierra de Niños (TINI), una herramienta diseñada para fomentar el cuidado y la preservación del medio ambiente en los pequeños. Esta consiste en entregarles, ya sea en forma individual o colectiva, el cuidado de al menos un metro cuadrado de tierra (pueden ser varias macetas) para crear vida y cuidar de la biodiversidad, contribuyendo al bienestar de su país. Por tal trabajo, son reconocidos por la sociedad.
Ejemplos ya hay varios: en la Amazonía peruana hay una comunidad que le ha encargado a un grupo de niños 100 hectáreas de bosque tropical para su conservación. En Huancavelica, el departamento con mayor índice de pobreza en Perú, una comunidad le ha encargado a un grupo de niños el cuidado de la última laguna prístina que existe en la zona. Y en Pando, Bolivia, y Acre, Brasil, ANIA ha capacitado a niños y adultos para que repliquen esta metodología en sus bosques.
“Está probado que las personas adultas que tuvieron algún vínculo con la naturaleza antes de los 11 años generan una estrecha afinidad por ella. Por eso, es crucial que hoy en día se dé a los niños la oportunidad de exponerse a la naturaleza”, recalca con fuerza Leguía.
La historia no termina aquí. Dentro de poco, Editorial Planeta publicará El jardín y yo, un conmovedor relato inspirado en su infancia, y destinado a que los padres acerquen a sus hijos a la Madre Naturaleza.

|