Yo zurdo

Yo, zurdo

Debemos sobrevivir como minoría de 10 por ciento en un mundo hecho para diestros. Peleamos mejor que un derecho, morimos antes que ellos y no somos más inteligentes. ¿Los ambidiestros? No los soporto: no son más que zurdos camuflados.

Nací zurdo. Y lo seguí siendo gracias a mis padres. Sin embargo, temerosos, preguntaron al que fuera médico de la familia, un doctor de apellido Buendía, qué podían hacer con su hijo que les había salido “siniestro”. Entonces, el buen doctor les dijo calmado: “tranquilos, no pasa nada. No es como tener la peste”. Así que mis queridos padres, con muy buen criterio, o quizás simplemente resignados, me dejaron ser zurdo.


Una cosa es segura: no es fácil ser zurdo en un mundo de diestros. Somos clara minoría en el planeta: apenas alrededor del 10 por ciento y siempre se nos ha visto con recelo. Por algo el adjetivo “siniestro” deriva de la mano izquierda. Y las escrituras aseguran que Jesús se sienta a la derecha de Dios Padre, no a su izquierda. A mí, por lo menos, me consuela saber que el corazón del ser humano está a la izquierda.
Es difícil darse cuenta de lo que significa ser zurdo cuando eres diestro. Creemos que el mundo es simétrico, pero no lo es. Allí donde exista una asimetría, la solución se piensa para el diestro. Fíjense en la manilla de las puertas, en las tijeras, las cámaras fotográficas… Es tan terrible que los zurdos ni siquiera nos damos cuenta de esa silenciosa tiranía. Cuando estuve en Gran Bretaña, pensé que al fin podría manejar con confianza. ¡Pues no! Estoy tan sometido al poder diestro que me resultó realmente complicado manejar, ya que la mirada siempre se me iba al lado contrario al que debía.
Entender por qué los zurdos estamos aquí siempre ha complicado a los científicos. De hecho, hasta hoy no han encontrado una razón cierta que lo explique. Todo, hasta el momento, son causas probables. Como sabemos, el cerebro siempre controla nuestro cuerpo de un modo cruzado, de forma que el hemisferio izquierdo domina la parte derecha y el hemisferio derecho, la parte izquierda. Lo más común en seres humanos es que exista una dominancia de la parte izquierda, dando como resultado individuos diestros. Pero esto no se cumple estrictamente en nosotros, porque en los zurdos puede dominar cualquiera de los dos hemisferios cerebrales.

En 2012 los investigadores Daniel M. Abrams y Mark J. Panaggio publicaron un artículo en el que concluían que tanto ser zurdo como la proporción de la población que lo es, muestra el tipo de sociedad que ha creado una especie. Dicho de forma sencilla, según estos científicos de la Northwestern University estadounidense la proporción de zurdos y diestros mide el nivel de cooperación versus competitividad que hay entre nosotros. Según ellos, que alrededor del 10 por ciento de la población mundial sea zurda indica que los seres humanos no somos del todo cooperadores. Si la nuestra fuera una sociedad donde todos nos ayudásemos y que nadie quisiera estar por encima de los demás (en el fondo, eso es la competencia) no habría zurdos. Por otro lado, si fuéramos tremendamente competitivos la proporción de zurdos subiría hasta un 50 por ciento. Para Abrams y Panaggio somos cooperadores con pinceladas de egoísmo. Dicho de manera evolutiva, si queremos tener superioridad en la lucha por la supervivencia, ser zurdo la suministra porque tiene ventaja en la pelea.
Imaginemos la época de las batallas con espadas, de esas de las películas de Errol Flynn. Lo habitual es que el 90 por ciento de las veces se enfrenten dos diestros entre sí, y solo un 10 zurdos contra diestros. Esto quiere decir que, si eres diestro, solo vas a tener delante a un zurdo el 10 por ciento de las ocasiones, lo que implica que no vas a estar acostumbrado a luchar con alguien que sostiene la espada con la “otra mano”. Por el contrario, un zurdo sí está habituado a pelear con diestros, por lo que sí sabe cómo tratar a un contrincante que lucha con la “otra mano”.
Para comprobarlo, Abrams y Panaggio han usado deportes donde la lateralidad juega un papel importante. Así, el modelo matemático desarrollado por estos científicos predice que el número de deportistas zurdos de éxito será del 50 por ciento en el béisbol, el boxeo, el hockey y la esgrima y solo más de un 10 en el tenis de mesa. Sin embargo, en el golf, donde es irrelevante ser diestro o zurdo, el porcentaje de zurdos con éxito es bajo, inferior al cuatro por ciento.

Otra historia sorprendente respecto de nosotros es la que asegura que vivimos menos que los diestros. Esta teoría apareció por primera vez en 1991, cuando los científicos Halpern y Coren publicaron un estudio donde analizaron 987 muertes y vieron que las personas zurdas habían fallecido a una edad promedio de 66 años, mientras que los diestros lo habían hecho a los 75. Aunque esta investigación aún no ha sido fehacientemente confirmada, yo estoy de acuerdo, pero por una razón sencilla. Según se desprende de ese trabajo las muertes no estaban relacionadas con una mayor tendencia a sufrir enfermedades sino por accidentes de trabajo y conducción. ¡Todo por culpa de la tiranía diestra en la que vivimos!
Ahora bien, ¿qué nos hace zurdos? No está muy claro pero algunos estudios apuntan que el exceso de testosterona en la madre durante el embarazo hace que aumente la probabilidad de dar a luz un hijo zurdo. Quizá por ello hay más hombres zurdos (alrededor del 13 por ciento) que mujeres (un ocho). Por su parte, Roberto Gallego, del Instituto de Neurociencias de Alicante en España afirma que la predilección por una mano se empieza a desarrollar en el feto. Así que ya lo saben mamás y papas: cuando vean diferentes ecografías de su hijo, fíjense en qué mano tiene más cerca de la boca.
Por cierto, y lamento tener que decirlo, pero eso de que los zurdos somos más inteligentes es un mito sin base científica. Una pena.
¡Ah! ¡Y ni me mencionen a los ambidiestros, esos jugadores tramposos que, en realidad, son unos zurdos reprimidos que se hacen pasar por diestros!